Omar Quintero: Entre la renovación forzada y una eterna esperanza.

Omar Quintero: Entre la renovación forzada y una eterna esperanza.

El reloj de arena ha comenzado a correr de nuevo para el basquetbol mexicano. Omar Quintero enfrenta un año que definirá si su proyecto es una realidad sostenible o un castillo de naipes sostenido solo por la lealtad de la vieja guardia. El entrenador nacional encara retos mayúsculos en ambas ramas, navegando entre decisiones cuestionables en el banquillo femenil y una necesaria reingeniería en el varonil.

Renovación en la selección femenil

Es imposible ignorar el descalabro reciente en la gestión del equipo femenil mayor. La apuesta mediática de incorporar a Lindsey Harding resultó ser un espejismo; una decisión que, lejos de sumar, restó continuidad debido a sus intermitencias y a un cuerpo técnico incapaz de sostener la filosofía de la hoy asistente de los Lakers.

El ‘bomberazo’ recayó en la hidalguense Cristhian Pardo, quien después de debutar sin problemas en la COCABA, vivió una pesadilla en sus primeros juegos contra un equipo de alto calibre. Su presentación ante Canadá no solo fue una apuesta arriesgada, sino que evidenció el costo de la inexperiencia al enfrentar a la séptima mejor selección del mundo.

Ahora, Pardo encara una misión titánica: gestionar la integración del talento joven y, simultáneamente, establecer jerarquía y liderazgo frente a las ‘vacas sagradas’ del vestidor, una labor donde el manejo de egos resulta tan crucial como la táctica. En la duela el panorama es más alentador. Gabriela Jaquez es una garantía; su calidad y adaptación inmediata al sistema FIBA la han consolidado como una referente del equipo. Junto a Mariana Valenzuela, ambas se proyectan ya como las indiscutibles líderes del equipo mexicano.

La dependencia de la «Vieja Guardia»

En la rama varonil, la situación no es menos compleja. Quintero sigue exprimiendo la energía residual de una generación que ha dado todo, pero cuyo ciclo biológico deportivo en la selección mexicana está en la recta final. Nombres como Gabriel Girón, Francisco Cruz, Israel Gutiérrez, Fabián Jaimes y Paul Stoll siguen siendo los inamovibles. ¿La razón? Un compromiso inquebrantable con el equipo, moneda de cambio que Quintero valora por encima de todo. Sin embargo, depender de la «vieja guardia» es una estrategia de alto riesgo sin un relevo inmediato.

El «sueño» Jaquez y la joya Karim López

Aquí entra la narrativa, a ratos absurda, de la esperanza. Quintero mantiene la veladora encendida para que Jaime Jaquez Jr. se integre en el verano, pese a que las «razones personales» han sido la constante del jugador del Heat. Quintero y a afición lo esperan, pero la planificación rumbo al mundial no puede basarse en deseos.

Más tangible es la proyección de Karim López. Considerado por The Athletic como un talento Top 30 para el próximo Draft de la NBA, López está llamado a ser la cara del basquetbol mexicano. Él, junto con Jaquez Jr., Gael Bonilla y los prospectos como Esteban Roacho, Emiliano Barrantes, Víctor Valdés, Yair Olano Jr., los hermanos Wright, entre otros, son la apuesta real para tomar la estafeta después de este proceso mundialista. El reto de Quintero será mantener a estos jóvenes en ritmo competitivo para que la transición no sea tan complicada.

El laboratorio universitario y el examen inmediato

El calendario ofrece una oportunidad de oro para el scouteo en el propio suelo mexicano. Los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe en República Dominicana exigirán un roster Sub-20. Esto lo obliga a voltear a la Asociación de Basquetbol Estudiantil. El reciente acercamiento de Quintero con más de 200 entrenadores universitarios sugiere que, por fin, se valore el semillero estudiantil como base de la pirámide.

Las visitas ante Nicaragua (26 de febrero) y Estados Unidos (1 de marzo) servirán de termómetro: descubriremos si el proyecto de Omar Quintero avanza con buenos resultados hasta llegar al mundial o si el basquetbol mexicano seguirá condenado a vivir de milagros.

DB.