Un día como hoy, 29 de junio de 1991, la selección de Yugoslavia alcanzó la cima del baloncesto europeo por quinta vez en su historia, tras derrotar a la anfitriona Italia en una memorable final del EuroBasket. El Palazzo dello Sport de Roma fue testigo de la exhibición de un equipo legendario que, bajo la dirección de Dušan Ivković, culminó un torneo perfecto de manera invicta.
En el partido por el título, los yugoslavos se impusieron 88-73. La figura de Toni Kukoč brilló con luz propia, anotando 20 puntos en la final y siendo galardonado como el MVP del torneo. Su actuación fue la punta de lanza de una generación de talentos irrepetible que incluía a estrellas como Vlade Divac, Dino Rađa y Predrag Danilović.
Pero el equipo presentaba una sola baja importante: Dražen Petrović, quien decidió no acudir ya que Croacia estaba a punto de declarar su independencia, estaba reciente el famoso incidente de la bandera de Divac en el Mundial de Argentina y, además, quería dedicar el verano a prepararse de cara a NBA, después de una temporada en la que había sido traspasado a New Jersey Nets.
El triunfo de 1991 no solo representó la cúspide deportiva para esta selección, sino que también adquirió un profundo significado histórico. Fue el último gran título que consiguió Yugoslavia como estado unificado, poco antes de la desintegración que marcaría la década de los 90 en los Balcanes. Aquel equipo, recordado con nostalgia, es considerado por muchos como uno de los mejores combinados nacionales de la historia del baloncesto FIBA.

